Todos sabemos que el nivel actual del salario mínimo en México, no permite ni por asomo, proporcionarle al trabajador los mínimos indispensables de satisfactores básicos.

Recientemente se dio a conocer la noticia de que el salario mínimo aumentaría a partir del primero de diciembre de su nivel actual de 80.04 pesos por día a 88.36 pesos diarios, lo que representa un incremento de 8.36 pesos o de 10.4 por ciento.

Como sabemos, un argumento que era muy utilizado por nuestras autoridades para mantener al salario mínimo en niveles bajos, era que este indicador no sólo se utilizaba para remunerar al trabajo no calificado, sino también para fijar una serie de cobros, como multas, derechos, etc., por lo que las consecuencias de su crecimiento eran más amplias y afectaban a todos los ciudadanos.

Por esta razón, se aprueba la creación de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), la cual es ahora utilizada en lugar del salario mínimo para determinar toda ese serie de cobros que antes estaba ligada a éste y permitir ahora que el salario pueda incrementarse sin efectos secundarios nocivos.

Todos sabemos que el nivel actual del salario mínimo en México, no permite ni por asomo, proporcionarle al trabajador los mínimos indispensables de satisfactores básicos, y que dentro de los trabajadores afiliados al IMSS, la proporción de trabajadores inscritos con salario mínimo es simbólica, y que el promedio de salario de cotización ronda los cuatro salarios mínimos.

De hecho, casi nadie se contrata con salario mínimo porque su nivel no alcanza ni para comer, mucho menos para satisfacer los atributos constitucionales que debe tener este salario.

Éste ha sido quizás, el factor más importante para que el empleo en el sector informal de la economía haya crecido de manera tan importante en México, llegando a dar empleo a más del 60 por ciento de los trabajadores activos.

¿Pero como andamos en esta materia comparándonos con otros países?
Revisando los trabajos que realiza la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su último informe mundial sobre los salarios 2016-2017, es interesante citar algunas de sus conclusiones.

Por ejemplo, en los últimos años, para reducir la desigualdad salarial, muchos países han adoptado o aumentado el salario mínimo, como forma de apoyar a los trabajadores y trabajadoras pobres y reducir la desigualdad salarial.

De los datos recientes se infiere que si se establece el salario mínimo en un nivel adecuado y teniendo en cuenta las necesidades de los trabajadores y de sus familias, además de los factores económicos, los ingresos de los trabajadores mal remunerados –muchos de los cuales son mujeres– pueden aumentar sin que ello tenga efectos negativos significativos sobre el empleo.

Allí donde sea económicamente factible, debería apoyarse o incluso fomentarse más el mayor crecimiento salarial.

Por su parte, el Banco Mundial, después de analizar los estudios existentes, llega a la conclusión de que “pese a que la gama de estimaciones varía considerablemente, la tendencia puesta de manifiesto es que los efectos del salario mínimo en el empleo por lo general son leves o insignificantes y en algunos casos positivos” (Kuddo, Robalino y Weber, 2015).

Por otro lado, el indicador estadístico más utilizado para evaluar el nivel del salario mínimo en relación al mercado laboral, es probablemente el coeficiente entre los salarios mínimos y la mediana salarial (en ocasiones denominado índice de Kaitz).

En México, se tiene que el salario mínimo representa sólo el 30 por ciento del salario promedio nacional, uno de los indicadores más bajos a nivel internacional, ya que el promedio observado se encuentra arriba del 50 por ciento.

Si bien los detractores que argumentan que los incrementos a los salarios, por arriba de su productividad, generan inflación, es interesante observar que durante los últimos años se ha observado que el crecimiento salarial mundial se ha quedado por debajo del crecimiento de la productividad, sin que haya habido “deflación”.

La realidad, es que es factible seguir incrementando los salarios sin que se registre una espiral inflacionaria.

Lic. Marco Antonio Pérez Valtier

Socio Economía