El conflicto azucarero entre México y Estados Unidos, el cual data desde el año 2014 y que ya ha tenido varios “Acuerdos”, que por una u otra razón no han sido respetados por nuestros vecinos, originalmente se inició porque los productores estadounidenses pedían a su gobierno que se impusieran aranceles a las importaciones de azúcar mexicana, alegando que en nuestro País reciben subsidios gubernamentales que les permiten vender el producto por debajo de su verdadero costo de producción.

A lo largo de esta prolongada disputa, en muchas ocasiones, nuestros cañeros han solicitado al gobierno mexicano que contra ataque con medidas similares a la importación de alta fructuosa proveniente de estados unidos, ya que este edulcorante proveniente del maíz, y que nuestros refresqueros importan de Estados Unidos a bajo precio, desplaza al azúcar nacional, pero nuestras autoridades no han sido capaces de tomar cartas en el asunto, sin que a la fecha hayan externado la razón o el motivo de esta inacción.

Es decir, mientras Estados Unidos primero impuso aranceles y luego limitó el acceso a su mercado del azúcar mexicana, la alta fructuosa estadounidense sigue inundando el mercado nacional ante la complacencia de nuestras autoridades.

A raíz del último acuerdo alcanzado a mediados del año pasado, nuestras autoridades gubernamentales aceptaron reducir el cupo máximo de azúcar refinada que se podía exportar hacia los estados Unidos, por ciclo productivo, de un 53 por ciento que se tenía, a solo un 30 por ciento, pero por deficiencias en su implementación, ocasionaron un desfase (o adelanto) en la temporalidad de las exportaciones mexicanas, que condujo incluso a la cancelación temporal de los permisos de exportación previamente otorgados por la autoridad, generando molestias y pérdidas económicas en su momento.

Si bien dentro del último Acuerdo se busca que se exporte más azúcar “cruda” o no refinada hacia los Estados Unidos, lo que se tiene desde 2014, es una serie de acuerdos desfavorables a México que han perjudicado y están dañando a los agricultores cañeros y a los ingenios, actividad económica que emplea directamente a casi un millón de trabajadores y que de manera indirecta genera más de 2.2 millones de plazas de trabajo, aportando más del 5 por ciento del valor de la Industria Alimentaria en el País.

Actualmente solo se están exportando 822 mil toneladas de azúcar cuando se llegaron a exportar casi 2 millones de toneladas, en el año 2012, afectación que se ha consumado con todo y Tratado de Libre Comercio, ya que a la hora de hacer valer nuestros derechos, que legalmente nos corresponden, salimos con cajas destempladas, pues los resultados exhiben una completa incapacidad para obtener, ya no digo tratos favorables, sino solo tratos justos.

Otro agravante reciente, es la acción unilateral, por parte de los Estados Unidos, de imponer aranceles de 30 por ciento a las importaciones de lavadoras y de Paneles Solares, cuando nuestras autoridades comerciales habían pregonado que por el hecho de pertenecer a la Organización Mundial del Comercio (OMC) los Estados Unidos no podían imponer aranceles de más de 5 por ciento de manera unilateral, y además, que por el hecho de que nuestro País se consideraba en vías de desarrollo, lo protegía la cláusula de “Nación más Favorecida” que limitaba aún más el porcentaje de aranceles que se le podían imponer.

Seguramente, no leyeron bien la letra chiquita. Lo grave de este asunto es el ineludible Corolario….. Si así están re-negociando el TLC, nos tendremos que encomendar a la Virgen de Guadalupe.

Y para cerrar con broche de oro, a nivel local, la empresa comercializadora que tiene el monopolio (perdón, la concesión oficial) para comercializar el gas natural, de manera prepotente y abusiva, procede a “redondear” hacia arriba el costo del gas, y aún y cuando estos “centavitos” extras, legalmente NO deben ser cobrados, su falta de pago detona el corte del servicio, mientras en la PROFECO, dependencia de la Secretaría de Economía, parecen estar más ocupados en asuntos electorales.

Lic. Marco Antonio Pérez Valtier

Socio Economía